Acoso escolar o Bullying

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Desde siempre, ha habido casos de acoso escolar en los centros educativos. En los últimos años, están saliendo más casos a la luz gracias a que las personas se han hecho eco de la gravedad de estas situaciones para el desarrollo y bienestar de las víctimas. Ya en los centros educativos se están implantando medidas para prevenir los casos de acoso escolar (también conocido como “bullying“), así como medidas para intervenir tanto con las víctimas como con los agresores, aplicando incluso técnicas de mediación. Y ahora viene aquí la siguiente pregunta: ¿Qué puede hacer un psicopedagogo por sus hijos/as, de forma extraescolar?

En el supuesto de que su hijo/a sea víctima, siempre es bueno reflexionar acerca de por qué le ha sucedido esto. Es decir, por qué esa persona o grupo de personas han decidido tomarla con él o ella. ¿Se podría haber evitado de alguna manera? En muchas ocasiones, los agresores buscan un perfil de alumno/a muy específico para ser el centro de sus ataques, tanto físicos como verbales (sobre todo los segundos), afectando sobre todo a su estado psicológico. Pueden ser personas que posean una personalidad no acorde a los roles estereotipados que la sociedad, influida sobre todo por los medios de comunicación, han atribuido a los niños o niñas de su edad, o simplemente de su género. Evidentemente, la diversidad es siempre un valor, y nunca debemos ceñirnos a esos roles simplistas que se han difundido sobre los jóvenes. Pero siempre es bueno valorar si su hijo/a carece de algunas habilidades que le han llevado a sufrir el acoso, cuando gracias a estas habilidades podría haber actuado y evitar que ahora mismo sea una víctima de acoso escolar:

  • Habilidades sociales, las cuales les permitirán socializar con otras personas, iniciar conversaciones y juegos, transmitir simpatía y tener capacidad para hacer amigos/as y mantenerlos con el tiempo. Sobre todo es importante demostrar iniciativa ante las relaciones sociales, y así ganarse el cariño y el respeto de todos/as. Eso no quiere decir que debe permitir que se aprovechen de él a cambio de ser su “amigo/a”, sino de saber socializar de la forma más sensata posible para evitar el efecto contrario.
  • Estrategias para la resolución de conflictos, las cuales les permitirán reaccionar adecuadamente ante peleas, discusiones, provocaciones o cualquier otro tipo de conflicto, empleando estrategias positivos para resolverlo a través del diálogo o incluso empleando estrategias psicológicas que influirán en los agresores. Es importante considerar los conflictos como “oportunidades para el aprendizaje“, de forma que puedan ayudar a que todos/as maduren y sean mejores personas.
  • Desarrollar la inteligencia emocional, así como la capacidad para regular las emociones propias, comprender las de los demás y captar las intenciones y sentimientos de otras personas, con el objetivo de poder reaccionar de forma adecuada ante ellos/as. Aquí incluiríamos desarrollar la empatía, que es la capacidad que tienen las personas para ponerse en el lugar de los demás y entender cómo se siente y las consecuencias de nuestros actos hacia ellos/as. Es importante trabajarla tanto con los agresores como con las víctimas.
  • Trabajar el autoestima y el autoconcepto, posiblemente dañada debido a las situaciones de acoso recibidas. Es importante que las expectativas de nuestros hijos/as hacia su futuro sean positivas, proporcionándoles las habilidades antes citadas, desarrollando su autonomía para resolver cualquier conflicto (aunque eso no quiera decir que no deba pedir ayuda, a la persona más adecuada en cada momento), así como aprender a enfrentarse de forma pacífica a aquellas personas que no le tratan de forma adecuada. Es importante aquí que las familias muestren afecto, apoyen, motiven a sus hijos/as, y que realicen juntos actividades en familia con el objetivo de fortalecer los lazos afectivos entre todos y todas.

En el supuesto de que su hijo/a sea el agresor, es importante analizar el origen de esa conducta. Es decir, qué objetivos tiene con esa conducta y lo que siente hacia las víctimas. A partir de ahí, se puede trabajar con él a partir del análisis de su propia conducta, en el sentido de comprender su significado, sus antecedentes y sus consecuencias, aprender a desarrollar la empatía para comprender los sentimientos de las víctimas, comprender los objetivos que tiene el agresor/a a la hora de mantener esa conducta, la situación social del agresor dentro del grupo-clase y del centro educativo (al igual que en su propio barrio) y cómo mejorar ésta, habilidades sociales adecuadas para la convivencia, aprender a trabajar en equipo, evaluar su autoestima por si fuese clave entre las causas que explican su conducta, valorar la influencia de las relaciones familiares en su conducta, etc. Puede estar conectado con las medidas planteadas en el área de “Problemas de conducta“.

Si su hijo/a se encuentra en una de estas situaciones y necesita ayuda, le invitamos a acudir a la sección de “Contacto” y comenzar a trabajar cuanto antes con el psicopedagogo.

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