Cómo evitar aburrirse en tu trabajo

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Cuando decidimos escoger una carrera vocacional (no tiene por qué ser una carrera universitaria), habitualmente existen unos motivos. Podemos sentir la vocación de que deseamos ejercer esa profesión, porque sentimos pasión y nos gusta, aunque hay gente que escoge esa profesión porque la conoce por sus padres, porque la hacen sus amigos, porque tiene muchas salidas, porque parece que está demandado, o por escoger algo, entre otras razones. Bueno, vamos a pensar en que la hemos escogido porque no parece interesante.

Estudias lo que necesitas para ejercer, e incluso superas unas oposiciones si lo requiere, y comienzas a ejercer. Empiezas ilusionado, vas a trabajar de lo que te gusta. El primer año es maravilloso, descubre que se te da bien ese trabajo. El segundo año se repite un poco todo, pero lo llevas. Pero pasan algunos años y comienzas a desanimarte. Te empiezas a aburrir porque tu vida se está volviendo demasiado monótona. Y todavía te quedan muchos años para jubilarte y cotizar a la seguridad social. ¿Qué es lo que me pasa? ¿me habré confundido de verdad de carrera? ¿a lo mejor esto no era lo que deseaba?

Es cierto que cuando decidimos escoger una carrera vocacional, tenemos que pensar con detenimiento si nos vemos desarrollando una labor profesional durante unos 40 años, más o menos. Eso además conlleva reciclarse continuamente y adaptarse a las etapas de crisis que podemos vivir. No olvidemos que el sistema puede evolucionar, y lo que hoy esté demandado, mañana no lo esté. Con la crisis provocada por la burbuja inmobiliaria, muchos arquitectos tuvieron que emigrar o reciclarse. O ahora hay tantos licenciados en Derecho que cuesta que haya trabajado para todos. Pero no hablaremos ahora de ese tema.

Volvamos de nuevo a la situación: Me aburro en mi trabajo. Los días son ya iguales, y no hay retos interesantes. Hay días en que me dan ganas de no levantarme de la cama, y creo que ahora encima mi rendimiento es inferior por culpa de eso. Me lo dicen mis compañeros, que últimamente he pegado un bajón y que puedo tener problemas si sigo así. Pueden ser tus compañeros, o los propios clientes que ya no están satisfechos con tu trabajo y deciden buscarse a otra persona.

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos romper esa monotonía?

  • Compartir lo que haces. ¿Por qué no creas un blog donde compartes tus trabajos? También puedes asesorar y dar consejos a personas, sobre todo a los principiantes. Puede hacerte sentirte útil y ver que valoran tu trabajo y pasión.
  • Crea tus propios proyectos. Podrías crear tus propias ideas y difundirlas, patentarlas. Podrías dedicarle un tiempo a la semana y poco a poco obtendrás beneficios. Innovar en lo que haces, experimentar dentro de tu trabajo, eso te permitirá crecer como profesional y evitar que la profesión se vuelva monótona. Si trabajas para una empresa, puedes plantearles a tus superiores estas ideas. Verán que tienes iniciativa, algo que valoran mucho los empresarios hoy en día.
  • Si tu trabajo es demasiado rutinario (ej: administración), puedes en tus ratos libres plantearte la posibilidad de dedicarte a la formación de profesionales. No es dejar tu trabajo, sino que estudies un curso para ser formador e impartas cursos donde transmitas tus conocimientos y experiencias a las personas que estén interesadas. Te hará sentirse muy llena.
  • Otra posibilidad es que realices tareas que permitan elevar tu autoestima. Puedes buscarte nuevas aficiones que te permitan desconectar, y te hagan feliz. Tal vez ese «puntillo» de felicidad te permite ir más relajado y animado al trabajo, porque sabes que luego viene lo bueno cuando terminas. ¿Qué tipo de actividades pueden desempeñar?: Teatro, dibujo, escritura, voluntariado social, deporte, etc. ¡Lo que te haga ilusión!
  • Si definitivamente ves que tienes ganas de cambiar de trabajo, puedes plantearte estudiar otra cosa diferente, aunque sea a distancia. No debes cambiar de trabajo hasta que hayas conseguido uno nuevo sobre lo que has estudiado. Conozco a gente que se matriculó en Magisterio conmigo o en otra carrera porque estaban en esa situación: Aburridos de su trabajo, y querían progresar, así que estudiaron la carrera y se pusieron a opositar. En cuanto consiguieron la plaza, dejaron su antiguo trabajo y comenzaron el nuevo trabajo. Y su autoestima mejoró.

Mucho ánimo a aquellos que estéis pasando por esta situación.

¿Por qué hemos odiado muchas veces las matemáticas?

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Las matemáticas son uno de los aprendizajes más básicos para realizar diferentes tareas cotidianas: Hacer la compra, llevar la contabilidad de tu casa, medir las dimensiones de un marco para saber si encajará en una columna, saber cuántas canicas tengo, etc. Sin embargo, muchas veces hemos tenido dificultades para comprender su utilidad y su significado.

No podemos comenzar a trabajar las operaciones aritméticas básicas sin haber antes comprendido el concepto de número y de cantidad. Si no conocemos el sistema de numeración, no podemos trabajar la suma. Si no somos capaces de contar objetos de uno en uno, o de dos en dos, difícilmente sabremos realizar sumas y restas. Lo mismo si no sabemos antes realizar seriaciones o clasificaciones.

También hay alumnos que les resulta confuso utilizar el algoritmo tradicional que llevamos usando durante décadas en las aulas. Aquel en donde habitualmente colocamos los números en columnas, con la cifra de cada orden colocada encima de la otra, y operando por columnas de derecha a izquierda. Sobre todo se les hace más difícil cuando se les terminan los dedos de la mano, y les cuesta entender el concepto de «llevada». Yo mismo tuve dificultades en ese sentido cuando estuve en el colegio. Para ello, debemos plantear algoritmos alternativos, desde uno que permite descomponer todos los resultados parciales y luego ir sumando todo, u otras estrategias. Recomiendo leer el libro «Enseñar matemáticas a alumnos con necesidades educativas especiales» de Jaime Martínez Montero, donde concretan modelos para enseñar las operaciones aritméticas básicas, diferentes algoritmos de la suma y la resta, y cómo trabajar las nociones prenuméricas.

Si no conseguimos una buena base en las primeras etapas de nuestra escolaridad, podemos tener dificultades cuando trabajemos matemáticas más abstractas, como el álgebra, la trigonometría, los logaritmos o los radicales, entre otros conceptos matemáticos. Es normal entonces que, en muchos casos, haya alumnos que sientan rechazo hacia las matemáticas. Les dan tantos quebraderos de cabeza que no las pueden soportar. No solamente por el agobio que sienten al no poder entenderlas ni aprobarlas, sino porque luego es posible que sus padres achaquen sus dificultades a que no le dedique el tiempo suficiente ni esfuerzo al estudio de las matemáticas. Todo eso trae discusiones, y algo que te amarga tanto la existencia, es lógico que acabes cogiéndole manía.

Es importante trabajar, desde pequeños, el razonamiento lógico e inductivo. Les ayuda a estimular su mente para abrirse a procesos más abstractos, donde tengan que relacionar propiedades e ideas. Se puede empezar planteando juegos de lógica, pequeños desafíos, y luego ir avanzando a otros problemas de mayor dificultad. También otras habilidades como la orientación espacio-temporal y la capacidad para representar un espacio en tu mente suelen ser útiles.

El Gabinete Psicopedagógico Kaposkly, socio de ASUC

Asociación de Superdotados de Cádiz (ASUC)

El Gabinete Psicopedagógico Kaposkly, y su psicopedagogo, Rafael López Azuaga, son entidad colaboradora y socio colaborador, respectivamente, de la Asociación de Superdotados de Cádiz (ASUC). Su finalidad es apoyar las diferentes actividades educativas llevadas a cabo desde la asociación. ¿Cómo contribuimos?:

  • Realización de talleres educativos para los hijos de los socios.
  • Participar en la escuela de Padres a través de la impartición de sesiones y talleres.
  • Ofrecer asesoramiento.
  • Ofrecer un 20% de descuento en las tarifas de nuestros servicios a los socios interesados.

Si queréis más información, no dudéis en contactar.

Comprensión lectora de diferentes tipos de textos

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Saber leer no es solamente saber decodificar todos los grafemas de los que se compone un texto. Saber leer es saber comprender el mensaje que nos transmite la persona que ha escrito ese texto y podamos darle una utilidad. Puede ser desde adquirir un aprendizaje, o entender una serie de instrucciones para realizar una tarea concreta, o enterarse de una noticia relevante.

Comprender un texto puede ser una de las tareas más complejas a las que se enfrente un estudiante. Influye mucho la experiencia que esa persona haya tenido en relación al tema que está trabajando. Es posible que el texto presente un nivel demasiado elevado al que tiene el alumno, y entonces le cuesta conectar la información que aparece en el texto con las ideas previas que tiene en sus esquemas de conocimiento. Si lo estudiase, probablemente lo memorizaría, y hasta podría sacar un Sobresaliente, pero seguramente esa información se le olvidaría al cabo de unos días, ¡y a saber si sería capaz de aplicarla a un problema!

¿Qué pasos debemos seguir para leer un texto?

  1. Hacernos preguntas acerca de lo que sabemos sobre el tema.
  2. Consultar información externa para enterarnos más sobre el tema, si vemos que tenemos lagunas. Buscar información más sencilla, de un nivel más bajo, o repasar libros que hayamos leído anteriormente.
  3. Comenzar a leer el texto y extraer las ideas principales y secundarias de lo que estamos leyendo. Es posible que para entender algún vocabulario, necesitemos utilizar el diccionario o el buscador Google. No dejemos nunca nada por supuesto ni memoricemos ningún concepto sin saber lo que es. Hay conceptos que, según el contexto, pueden tener un significado diferente.
  4. Puede resultar recomendable realizar un resumen o un esquema del texto. Probemos a contarle a otra persona lo que hemos leído.

Existen muchos tipos de texto diferentes. En la etapa de Educación Primaria, siempre se ha abusado más de los textos literarios: Cuentos, poemas, fábulas, trabalenguas, adivinanzas, etc. Es importante iniciarles en la lectura de diferentes textos: cartas, instancias, instrucciones, manuales de instrucciones, correos electrónicos, formularios, artículos de prensa, anuncios publicitarios, leyes, etc. Si conocemos su estructura, el tipo de lenguaje utilizado y la finalidad de estos textos, contribuirá bastante a que comprendamos dichos textos.

Las dificultades específicas de aprendizaje en comprensión lectora son muy típicas en algunos estudiantes. Primero debemos diagnosticar si presentan alguna dificultad como la dislexia o retraso lector, y si la cuestión está centrada en la compresión lectora, debemos hacer hincapié en ella. Influye también el conocimiento lingüístico que tenga el alumno. Si comprobamos que el léxico que posee es escaso, o que no domina su gramática (por ejemplo, no sabe qué es un pronombre ni sabe identificarlos, ni qué significado tienen en una oración), pues tendrá más dificultades para comprender un texto. Para conocer mejor la estructura de un texto, podríamos ayudar al alumnado a crear un texto siguiendo esa estructura, porque una vez que se ha experimentado la creación de ese texto, le ayudará a entender mejor su finalidad.

Estas y otras estrategias son fundamentales para trabajar en las aulas.