Negociar el horario de llegada a casa de una adolescente

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«Mi consulta es acerca de mi hija de 16 años. Hace más o menos un año empezó a salir por las noches y yo le fijé un horario de llegada que creo que es razonable para su edad y el ambiente nocturno que hay en nuestra ciudad.

El problema es, que con el paso del tiempo ha estado viniendo cada fin de semana un poco más tarde. Yo, al principio casi no me di cuenta, pero resulta que ha terminado viniendo más de una hora más tarde de su hora fijada.

Hace unos días le di un aviso de que debía cumplir su horario, pero ella ya no quiere aceptarlo. Al final, le dejé que viniera media hora más tarde, pero que cumpliera su horario. Pero ella insiste en llegar todavía media hora mas tarde y que lo va hacer aunque al llegar yo le de unas palmadas en el trasero desnudo. No le tomé en serio al principio pero ahora no sé como afrontar esta situación.

Agradecería su opinión respecto a este tema. Gracias»

Estimada:

El problema es que no se han cumplido las normas adecuadamente. No se pueden establecer unas normas y luego dejar pasar por alto a la persona cuando no las cumple. Eso conlleva a que no se las tome en serio, como si no existieran.

Te sugiero intentar hablar con ella de nuevo, y transmitirle cómo te sientes con toda esta situación. Es importante que seas sincera con tus sentimientos, y que los transmitas de manera asertiva, sin agresividad ni pasividad. Luego, creo que deberías intentar escuchar sus necesidades. Es normal que ella tenga unos intereses y necesidades que no coincidan con los que tú consideres que debería tener una joven de 16 años. Ella tiene ganas de probar experiencias y de disfrutar de la juventud, y puede que se piense que es más madura de lo que tú te piensas, y que es más autónoma para tomar decisiones. Por ello, considero que intentes hacer un ejercicio de empatía para que luego ella termine haciendo lo mismo cuando veas lo que te preocupas por ella. Te sugiero dar estos pasos:

1-Pregúntale qué es lo que desea ella. No se trata de decir «venga, te dejo media hora más» al voleo, sino de escucharla. Puedes preguntarle qué desea hacer los fines de semana y a qué hora llegar y demás. Luego expones tus deseos y por qué te preocupas por ella y de que llegue a una hora determinada.
2-Poneos de acuerdo. Si el problema es el horario, puedes dejarla a que llegue a la hora que ella desee pero ella poniendo una hora fija que considere coherente y con la idea de que sea firme con esa norma. Si no la cumple, pactaréis una sanción. Debe ser pactada, que ella lo vea coherente, para reparar el daño hecho, desde llegar el próximo día antes a casa o que el domingo te acompañe a hacer cosas contigo y no con amistades. Detalles así.
3-Entiendo que cuando quieres que llegue a una hora determinada, es por miedo a que pueda pasarle algo. En lugar de protegerla, es mejor intentar enseñarle a saber resolver problemas que puedan surgirle, al igual que cómo enfrentarse ante cualquier tipo de tentación o situación con la que pueda encontrarse: drogas, sexo, peleas, alcohol, etc. Enséñale a tomar precauciones y a saber reaccionar. Si haces eso, puede que te sientas más tranquila. Dale la oportunidad a tu hija de que puede ser responsable en ese aspecto y de que madura y aprenda de los errores. La protección al final crea seres inmaduros.
4-Todo lo que negociéis, ponedlo por escrito y firmar el documento. Podéis firmar un documento oficial.

Para que la conversación sea amena y comience a confiar más en ti, háblale sobre tu adolescencia. Cuéntale los errores que cometiste, lo que hacías y de aquello de lo que te arrepientes. Comparte anécdotas con tu hija, y ella podrá mirarte con otros ojos e incluso confiar más en ti para contarte sus historias y vivencias. Puede así fortalecer más vuestra relación madre-hija y reducir así futuros conflictos negativos, donde aprendáis a resolver cualquier cosa a partir del diálogo.

Espero haberte podido ayudar un poco. Un cordial saludo.

Resolver conflictos dentro de un grupo

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«Somos un grupo de amigos y a menudo hay conflictos entre nosotros que no pasan a mayores. Sin embargo ahora hay un grave problema entre una parte del grupo contra los otros. Quiero mediar y resolver este problema. ¿Cómo puedo hacerlo sin posicionarme? Somos todos amigos desde hace muchos años y sería una pena arruinarlo todo por un problema que tiene solución.«

Estimado:

Te felicito por la iniciativa que tienes de querer salvar las relaciones de amistad del grupo.
Intentaré explicarte una técnica para fomentar el diálogo:

1) Reúne a todos los miembros del grupo en el salón de tu casa (ya que has tenido la iniciativa tú). Intenta que vayan todos, es importante.
2) Si no tienes una pizarra o algo similar, compra una cartulina de tamaño grande y ponla encima de una mesa.
3) Expón al grupo el problema que te ha surgido y que te preocupa. Di lo que piensas, que tienes miedo de que el grupo se separe y quieres ayudarlos a que solucionen su problema. Esto podrá animarles, sentarles bien y decidir intentar hacer un esfuerzo.
4) Analiza el problema. Que cada uno diga su punto de vista. Anota todo en la cartulina con un rotulador fino. Si el grupo está dividido en dos puntos de vista, crea una tabla que permita contrastar los dos puntos de vista. Todos deben participar, y si le cuesta hablar, animadle.
5) Buscad los puntos en común y los contrarios. Ayudará a ponernos de acuerdo.
6) En donde haya discrepancias, hay que intentar pensar una solución sensata al problema.

La cuestión es buscar una solución que pueda satisfacer a todos, en la mejor medida de lo posible. Si es un tema del cual uno al final no va a salir ganando, al menos ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido y que entienda la postura del que va a salir «ganando». La cosa es intentar que todos maduréis con esto y que, a pesar de todo, podéis seguir siendo amigos. Reflejar todo el proceso en el mural porque os ayudará a ir hacia atrás y plantear una solución al problema.

Es importante que habléis por turnos. Si quieres puedes repartir tarjetas para controlar el turno de palabra. Cada vez que alguien hable, debe entregar una tarjeta (dale tres a cada una, al menos por cada ronda de discusión). Controla que todos participen, se puede averiguar por el número de tarjetas que tenga. Otra medida sería empleando una botella que vaya girando uno a uno indicando el turno de palabra, y que haya una persona que te ayude a controlar el tiempo que tarda cada uno en exponer su punto de vista. Tú haces de anotador y moderador, y el otro te ayuda controlando el tiempo del turno de cada participante. Son técnicas de diálogo. Si lográis resolver el conflicto, iros a tomar algo por ahí y disfrutar del resto del día. Una cena de convivencia sería lo ideal, sobre todo si vosotros mismos lo cocináis todo, aunque si no es posible por no tener nadie un piso propio (ignoro si sois adolescentes o jóvenes o adultos), pues reservad un sitio para cenar, aunque sea en un restaurante chino. Y luego a salir por ahí.

Un cordial saludo y mucha suerte, campeón.

¿Cómo preparar a mis hijos para una adopción?

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Quiero saber cómo puedo preparar a mis hijos de 7 y 10 años para la llegada de un nuevo hermano más pequeño. ¿Cómo les explicamos su llegada para que lo acepten como un hermano más?

Con esas edades, hay que ser ya lo más sincero posible. La adopción es un hecho tal natural como el divorcio, la muerte, los matrimonios homosexuales o ver a un niño transexual. Es algo que está ahí, y en muchas series de televisión que ellos ven han llegado a ver un caso así. Por lo tanto, mi consejo es que trates este asunto con la mayor naturalidad posible. Reúne a toda la familia en el salón, y explicadle que habéis decidido adoptar a un niño, y que ahora tendrán un hermano más. Contadle que, aunque no lo hayan tenido «en su vientre», será un miembro más de la familia y que igualmente será su hermano porque vosotros vais a ser sus padres a partir de ahora. Al principio pueden sentir un poco de impacto, pero una buena manera de motivarles con la llegada del nuevo hermano es que ellos pueden convertirse en sus «minitutores».

Ellos pueden ayudar a su nuevo hermano a enseñarle su nueva casa, su nuevo colegio, su nuevo barrio, presentarles a todos sus amiguitos para jugar juntos…Poco a poco se convertirán en grandes amigos a la vez que hermanos. Intenta involucrar todo lo que puedas a tus hijos en este proceso de adopción y adaptación del niño en su nueva vida. Y, por supuesto, nunca dejéis de atender a vuestros hijos por atender al «nuevo», para evitar cualquier situación de celos. Preocuparos a diario por los tres hijos y comunicaros con ellos y pedirle su participación en
todo momento.

¿Cómo afrontar un divorcio cuando tenemos niños pequeños?

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Si ya no existe amor entre ustedes dos, no tienen por qué seguir siendo pareja. No tiene sentido. Ahora la cuestión es saber cómo van ustedes dos a comunicarle esta situación a sus tres hijos. Deben ustedes reunir a toda la familia y explicarse a sus hijos pequeños que sus padres ya no se quieren como antes y que han decidido separarse y vivir por separado sus vidas, pero que a pesar de ellos ellos seguirán siendo sus padres y que se preocuparán a diario por ellos.

¿Cómo afrontarlo? Independientemente de si ustedes deciden optar por la custodia compartida o no, siempre el padre y la madre debe informarse sobre el estado de salud de sus hijos. Visitadles con frecuencia, llamadles por teléfono, llevadlos a merendar…y a ser posible acompañadlos los dos. Ellos deben ver que, aunque su padre y su madre hayan decidido divorciarse, ellos dos pueden seguir siendo amigos y verse con normalidad, y estar juntos junto a sus tres hijos. Incluso podrían ir los dos juntos al menos una vez a la semana a recoger a sus hijos del colegio. Y si uno de los dos conoce a otra persona, puede visitar a su expareja y a sus hijos acompañado de su padre, ¡y hasta cenar en nochebuena juntos!

La clave de la intervención es que, a pesar de que se hayan divorciado, ustedes deben seguir preocupándose a diario para ver a sus hijos, visitándolos y hablando con ellos a diario para que ninguno de los tres eche en falta a su padre y a su madre, y seguir preocupándose por su educación. Ellos deben ver que sus padres pueden estar juntos aunque estén divorciados, y si ven que sus padres son felices, ellos podrán serlo también, y aprender que su padre y su madre pueden enamorarse de otras personas y ser felices con ellas. No hay que esconderles nada, porque poco a poco deben aprender que estas circunstancias pueden darse en cualquier momento.