¡Más que una Mascota! Los Inmensos Beneficios Educativos de Crecer con un Animal

Como profesionales de la psicopedagogía, a menudo nos centramos en los libros, las aulas y las metodologías de estudio para potenciar el desarrollo de nuestros hijos e hijas. Sin embargo, hay un «recurso» educativo que, aunque no esté en ningún currículo oficial, ofrece una riqueza de aprendizajes inigualable: convivir con una mascota. Más allá del amor incondicional y la compañía que brindan, los animales domésticos se convierten en verdaderos maestros, moldeando habilidades cruciales y valores fundamentales en los más pequeños.

Fomentando la Responsabilidad y la Disciplina

Uno de los primeros y más evidentes beneficios de tener una mascota es el desarrollo de la responsabilidad. Alimentar al perro, cambiar la arena del gato, sacar a pasear al hurón, limpiar la jaula del hámster… todas estas tareas, aunque parezcan sencillas, requieren disciplina y compromiso. Los niños aprenden que el bienestar de otro ser vivo depende de sus acciones, y esta lección es invaluable. No se trata solo de hacer la tarea una vez, sino de mantener una rutina, incluso cuando el cansancio o la pereza aparecen. Esta constancia se traduce en una mayor autodisciplina en otros ámbitos de su vida, desde los deberes escolares hasta la organización de sus propias pertenencias.

Desarrollando la Empatía y la Compasión

La interacción diaria con una mascota enseña a los niños a ponerse en el lugar de otro. Observar el lenguaje corporal de un perro, interpretar los maullidos de un gato o entender las necesidades de un pez son ejercicios constantes de empatía. Aprenden a reconocer las señales de hambre, sed, miedo o alegría en un ser que no puede expresarse con palabras. Esta conexión emocional profunda con el animal les ayuda a desarrollar la capacidad de entender y compartir los sentimientos de los demás, una habilidad social crucial para sus relaciones futuras. La compasión también florece al cuidar de un ser que depende completamente de ellos, aprendiendo a ser amables, protectores y a responder a las necesidades de los más vulnerables.

Estimulando el Desarrollo Cognitivo y Emocional

La presencia de una mascota en el hogar puede tener un impacto significativo en el desarrollo cognitivo. Los niños aprenden sobre biología básica (ciclos de vida, alimentación, hábitats), comportamiento animal y, en algunos casos, incluso sobre razas y características específicas. Además, pueden desarrollar habilidades de resolución de problemas al intentar entender por qué su mascota se comporta de cierta manera o cómo solucionar un pequeño contratiempo (como que el perro no quiera comer).

Desde el punto de vista emocional, las mascotas son una fuente inagotable de consuelo y apoyo emocional. En momentos de tristeza, ansiedad o estrés, acariciar a un animal puede ser increíblemente relajante y reconfortante. Muchos niños confían sus secretos y preocupaciones a sus mascotas, sabiendo que serán escuchados sin juicio. Esto les ayuda a procesar sus emociones y a sentirse comprendidos, fortaleciendo su autoestima y seguridad emocional.

Fomentando la Socialización y la Comunicación

Las mascotas pueden ser un excelente catalizador para la socialización. Sacar al perro a pasear, por ejemplo, es una oportunidad perfecta para interactuar con otros dueños de mascotas en el parque. Los niños aprenden a iniciar conversaciones, a compartir experiencias y a establecer nuevas conexiones. Además, tener una mascota proporciona un tema común para conversar con amigos y familiares, facilitando la comunicación y la expresión de sus experiencias.

Promoviendo la Actividad Física y un Estilo de Vida Saludable

En un mundo cada vez más sedentario, tener una mascota fomenta la actividad física. Los paseos con el perro, los juegos con el gato o incluso el simple hecho de levantarse para atender las necesidades del animal contribuyen a un estilo de vida más activo. Esta interacción física no solo es beneficiosa para la salud corporal, sino que también libera endorfinas, mejorando el estado de ánimo y reduciendo el estrés.

Una Reflexión Final desde la Psicopedagogía

Desde nuestro gabinete psicopedagógico, siempre buscamos herramientas y entornos que optimicen el crecimiento y aprendizaje de los niños. Y sin duda, la compañía de una mascota se alza como una de las más completas. Ofrece un aprendizaje práctico, constante y profundamente arraigado en la experiencia.

Antes de tomar la decisión de incorporar un nuevo miembro peludo, emplumado o escamoso a la familia, es fundamental tener en cuenta la edad del niño, el tipo de mascota y el compromiso de toda la familia. La mascota no es un juguete, sino un ser vivo que requiere cuidado y dedicación. Pero con la preparación adecuada, los beneficios educativos y emocionales que una mascota puede aportar a la vida de un niño son, simplemente, incalculables.

Educar en la era digital: cómo poner límites sanos sin perder el vínculo

La era digital ha transformado radicalmente la forma en que vivimos, nos comunicamos y, por supuesto, educamos a nuestros hijos e hijas. Si bien la tecnología ofrece un sinfín de oportunidades para el aprendizaje y el desarrollo, también presenta desafíos únicos, especialmente a la hora de establecer límites. Como padres y madres, nos enfrentamos a la difícil tarea de guiar a nuestros hijos e hijas en este mundo digital sin desconectarnos de ellos. ¿Cómo lograr un equilibrio saludable?

Entendiendo el panorama actual

Nuestros hijos e hijas han nacido en un mundo donde las pantallas son omnipresentes. Desde la Tablet en la cuna hasta los videojuegos y las redes sociales en la adolescencia, la tecnología es una parte intrínseca de su realidad. Negarles por completo el acceso no solo es irrealista, sino que podría dejarlos en desventaja en un futuro cada vez más digitalizado. Sin embargo, un uso sin control puede derivar en problemas como la adicción, el aislamiento social, la exposición a contenido inapropiado o el ciberacoso.

La clave: comunicación y empatía

Antes de establecer cualquier regla, es fundamental dialogar con nuestros hijos e hijas. Escucharlos, entender sus intereses y preocupaciones en el ámbito digital, y validar sus sentimientos. La imposición unilateral de normas sin explicación solo generará resistencia y resentimiento. En su lugar, optemos por un enfoque basado en la empatía: «Entiendo que te guste mucho este juego, pero necesitamos encontrar un equilibrio para que no afecte tus otras actividades«.

Estrategias para establecer límites sanos

Aquí te compartimos algunas estrategias prácticas para establecer límites sin romper el vínculo con tus hijos:

  • Establecer zonas libres de pantallas: Designa momentos y lugares en el hogar donde las pantallas estén prohibidas, como la mesa durante las comidas, el dormitorio a la hora de dormir o durante las reuniones familiares. Esto fomenta la interacción cara a cara y otras actividades.
  • Acordar tiempos de uso: En lugar de prohibiciones drásticas, pacta con ellos tiempos de uso diarios o semanales. Utiliza temporizadores si es necesario. La negociación y el compromiso son cruciales para que se sientan parte de la decisión.
  • Fomentar actividades alternativas: Anima a tus hijos a explorar hobbies fuera de la pantalla, como deportes, lectura, arte, música o juegos de mesa. Ofrece opciones atractivas que les demuestren que hay un mundo más allá de lo digital.
  • Ser un modelo a seguir: Los niños aprenden principalmente por imitación. Si tú mismo pasas todo el día con el móvil en la mano, será difícil que tus hijos entiendan la importancia de los límites. Predica con el ejemplo.
  • Educar sobre el contenido: No solo se trata del tiempo de uso, sino de lo que ven. Habla con ellos sobre la seguridad en línea, el contenido inapropiado, la privacidad y el ciberacoso. Enséñales a ser usuarios críticos y responsables.
  • Utilizar herramientas tecnológicas inteligentemente: Existen aplicaciones de control parental que pueden ayudarte a gestionar el tiempo de pantalla y filtrar contenido. Sin embargo, estas herramientas deben ser un complemento a la comunicación, no un sustituto.
  • Conectar en el mundo digital: Interésate por sus juegos, sus canales favoritos de YouTube o las redes sociales que utilizan. Esto te permitirá entender mejor su mundo y establecer un puente de comunicación, reforzando el vínculo. Pregúntales sobre lo que les gusta y qué están aprendiendo.
  • Ser flexibles y revisar las reglas: A medida que los niños crecen y sus necesidades cambian, las reglas también deben evolucionar. Realiza revisiones periódicas con ellos para ajustar los límites según su madurez y responsabilidad.

La importancia del vínculo

Poner límites no significa ser autoritario. Significa cuidar y proteger. Cuando establecemos normas con amor y respeto, nuestros hijos entienden que lo hacemos por su bienestar. Mantener el vínculo fuerte a través de la comunicación abierta, el afecto y el tiempo de calidad juntos es la base para que acepten y comprendan la importancia de estos límites.

Educar en la era digital es un desafío constante, pero también una oportunidad para enseñar a nuestros hijos a ser ciudadanos digitales responsables y equilibrados. La clave no es desconectar, sino conectar de otra manera, guiándolos con sabiduría y amor en este viaje digital.

Si necesitas asesoramiento o que ayuden a tu hijo/a en este sentido o a ti mismo, accede a la sección de Contacto.

¿Por qué es importante desarrollar la resiliencia en los niños y niñas?

¡Buenas a todos y a todas! Antes que nada, pedir disculpas por el retraso en subir una nueva entrada al blog del Gabinete Psicopedagógico Kaposkly. La mayoría de las entradas estaban programadas desde hace tiempo y entre una cosa y otra he estado demasiado liado. En este ocasión, en vez de traeros un caso práctico resuelto, os aporto unas reflexiones personales sobre un tema de actualidad: La resiliencia.

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La resiliencia es la capacidad que tienen las personas de afrontar de forma positiva los conflictos, dificultades y adversidades que surgen en la vida diaria, de maneras que estas sean consideradas como retos y oportunidades para el aprendizaje y el crecimiento personal. Los niños también pueden verse dentro de numerosos conflictos, como los siguientes:

  • Ser víctimas de un caso de acoso escolar o bullying.
  • Vivir en una situación de pobreza, con escasos medios y dificultades para poder comer o tener ropa.
  • Dificultades de aprendizaje, lo que conlleva problemas para alcanzar determinados aprendizajes, afectando a su autoestima.
  • Malas rachas en los estudios, sobre todo a medida que se va subiendo de nivel. Dificultades para asimilar y seguir los aprendizajes, con la amenaza de repetir curso pisándole los talones.
  • Conflictos y problemas de convivencia con sus iguales.
  • Problemas amorosos, para aquellos que sean adolescentes.
  • Dificultades para hacer amistades y tener una vida social estable a un nivel deseado.
  • Problemas familiares, como conflictos entre los padres, procesos de separación conflictivos donde hay juicios por la custodia.
  • Situaciones de maltrato infantil y/o violencia de género.
  • Vivir en un territorio en estado de guerra.
  • Vivir en un espacio que sufre confinamientos agresivos debido a una pandemia.

Podríamos mencionar muchos más. Ahora, ¿cómo desde casa podríamos ayudar a los niños a ser más resilientes?

  • Recordarle cuáles son sus fortalezas, es decir, aquellas habilidades que tienen, qué se les da bien hacer, lo que han logrado hasta ahora gracias a su esfuerzo y dedicación…Es importante trabajar su autoestima.
  • Ayudarles a superar sus dificultades a través de pautas, consejos, simulacros e incluso ayuda profesional, en caso de ser necesario (psicólogos, psicopedagogos, profesores particulares…).
  • Mantener una relación de afecto y confianza, demostrándole a nuestros hijos que pueden confiar en nosotros para que se desahoguen y les podamos ayudar, sin enfadarnos sin necesidad. Para ello, los padres deben trabajar la escucha activa y empática, para así saber entender lo que le sucede al niño bajo su percepción y forma de ver la vida y todas las situaciones. Aquello que para nosotros puede no tener importancia, para el niño bajo su forma de ver la vida sí lo tiene. Es importante que las familias entendamos eso.
  • Ayudarles a buscar el lado positivo de cada situación. Por ejemplo, si están tristes porque les va mal en matemáticas, el lado positivo es que si superan la materia, las dominarán mejor y se sentirá más capaz en un futuro de superar dificultades que tenga en otra materia porque ya sabe las herramientas para ello y se frustrará menos cuando llegue el momento.
  • Ayudarles a desarrollar sus habilidades sociales, es decir, que aprendan a iniciar conversaciones, a hablar en público, a dirigirse a terceras personas, a hacer recados, a afrontar situaciones y conflictos sociales donde intervengan otras personas, que sepan pedir ayuda a las personas más adecuadas en cada caso…
  • Trabajar la iniciativa, por ejemplo, permitiéndoles proponer planes para hacer en familia los fines de semana, a tomar decisiones sobre qué se van a poner para salir a pasear, qué decidan qué van a cenar al menos dos veces por semana, jugar a resolver acertijos y enigmas, debatir sobre noticias que se ven en la televisión y qué podría hacer él para resolverlos…
  • Desarrollar la capacidad de pensamiento crítico viendo dibujos animados que tengan una moraleja o mensaje, y debatir sobre ese mensaje, su importancia, su aplicación en la vida diaria…
  • Buscar un tiempo para desconectar de todo y sentirse bien. Posibilitarle participar en actividades que se le den bien y le resulten placenteras, desde actividades extraescolares hasta actividades de ocio para el fin de semana y las vacaciones. Es bueno que puedan estar en contacto con sus amistades y familiares más apreciados (por ejemplo, tíos y primos, abuelos…), con la naturaleza, hacer deporte de forma regular, participar en actividades de relajación (pilates, yoga, masajes, Mindfulness…), tener una dieta equilibrada…Se debe evitar que los niños consuman excesivas chucherías, los cuales les harán sentirse peor y más agotados.
  • Ayudarle a aceptar que los cambios forman parte de la vida. Acceder a nuevos retos académicos donde requiere mayor dedicación a los estudios, mudanzas, hacer nuevos amigos, comenzar estudios en otros centros educativos, buscar trabajo fuera de casa, resolver problemas con los amigos de toda la vida, el nacimiento de un nuevo hermano, el fallecimiento de un ser querido…Ayudarle a ver las ventajas que obtendrá si se enfrenta a sus miedos y logra alcanzar todas sus metas (por ejemplo, si al final, aunque repita curso, se esfuerza y se deja ayudar en los estudios, aprobará, logrará el título y podrá acceder a una formación ajustada a sus intereses profesionales).

La resiliencia no se desarrolla de la noche a la mañana. Requiere un trabajo constante entre todos y todas. Y a veces pueden surgir baches y momentos de bajón donde parece que hemos dado un paso atrás, pero para eso las familias podemos estar apoyando a nuestros hijos, seguir ayudándole y buscar ayuda profesional. En el Gabinete Psicopedagógico Kaposkly se trabaja la resiliencia dentro de los programas de intervención educativa de la conducta. Si deseas más información, haz clic en la sección de «Contacto«.

¿Qué puedo hacer si mi hijo de 4 años es grosero y se enfada con frecuencia?

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Hola tengo un hijo de 4 años, es el único niño de la familia, sus primos ya son mayores de 15 años para arriba por lo que convive con adultos. Últimamente es muy grosero, se enoja fácilmente de cualquier cosa, y cuando se enoja y se frustra no escucha, no entiende razones y grita “cállate” y nos ha llegado a patear a mi esposo y a mi. Nunca le hemos pegado por qué no creo que sea la mejor opción pero ya no sé qué hacer para ponerle límites. Gracias.

Es posible que su hijo presente una tolerancia a la frustración muy baja, y la manifiesta a través de rabietas e ira. Es muy habitual en niños de su edad. Les sugiero llevar a cabo pautas como las siguientes:

1-Cuando empieza la rabieta, no le hagan caso. Si le hacen caso, lo que hacen es reforzar la rabieta. Le dejan solo y ya se calmará. Cuando se calme, pueden dirigirse a hablar con él.
2-Intenten mostrar empatía hacia los intereses de su hijo. No se trata de hacer lo que ellos dicen, pero intentad entender el motivo de su rabieta, explicarle por qué no es posible con palabras sencillas y negociar con él. Por ejemplo, si desea ir a jugar al parque y en ese momento no es posible, negociar el momento en que se irá al parque y prometedle que jugareis con él a algo que le guste. No ofrecerle regalos materiales, ya que eso es algo bastante superficial.
3-Si llega a pegaros, llevadlo a su cuarto y lo dejáis dentro unos 5-10 minutos. Le diréis que no os ha gustado nada que os haya pegado, y que no pensáis hablar con él hasta que se calme y pida perdón por lo que ha hecho. Una vez calmado, debéis enseñarle a comportarse, cómo pedir las cosas y qué tipo de conductas son las adecuadas y cuáles las no adecuadas.
4-En su cuarto o en el salón, colgar un cuadro elaborado con pictogramas o dibujos donde se reflejen las normas de conducta en positivo. Es decir, cómo tratar a sus padres, cómo pedir las cosas, la recogida de juguetes, etc. Esto ya dependerá de su comportamiento. Es importante centrarse más en las acciones a trabajar (ej: pedir permiso para coger algo) que en las conductas negativas a corregir (ej: no gritar).
5-Si es un niño con tendencia a ponerse muy nervioso, valoren qué estímulos son los que le provocan la ira y ayudarle a controlarlos y a resolver las situaciones que le ponen nervioso o que no resuelve de una manera socialmente adecuada. Enseñarle los pasos a seguir para afrontar todo ello y sed un ejemplo para vuestro hijo. Podéis interpretar la situación delante de él para que luego la repita (aprendizaje por modelado). También podéis dedicar un tiempo diario a realizar actividades de relajación y mindfulness.

Ve probando esto. Requiere tiempo y paciencia. Si no veis resultados, os recomendaría solicitar ayuda profesional.

Un cordial saludo.

Mi hija de 21 años estudia sin interés y me preocupa su conducta

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Tengo una hija de 21 años que se encuentra estudiando en la universidad pero siempre me reprocha que estudia por obligación que no le interesa una carrera que le gustaría vivir sin hacer nada tiene muchos amigos nunca le faltan compromisos y tiene que salir siempre, le gusta beber llega tarde por las noches. Me chantajea con el dinero pidiéndome para comer pero lo usa para otras cosas la verdad no sé si seguir aguantando hasta que acabe la carrera o pedirle que se vaya de la casa y que se haga cargo de su vida. Lo que más me asusta es su conducta temeraria al salir de noche y quedarse hasta muy tarde.

Estaría bien poder valorar las motivaciones que tiene su hija y su punto de vista sobre los hechos que narra. En relación a que está estudiando una carrera universitaria por obligación, es posible que necesite ayuda para encontrar algo que le pueda gustar y le interese. Tal vez se precipitó al matricularse en la universidad cuando lo hizo y debió acudir a sesiones de orientación académica y profesional para explorar su personalidad, intereses y aptitudes (incluyendo aficiones) y a partir de esto extraer un perfil con una serie de salidas académicas y profesionales asociadas. No tienen por qué ser estudios universitarios, también puede incluirse formación profesional reglada, formación profesional para el empleo, enseñanzas artísticas, enseñanzas deportivas, etc. Valora si conviene sugerirle esto, aunque ya lleve un tiempo en la universidad. Lo importante es que sea feliz con lo que haga y que no se engañe a sí mismo, a la vez que analice sus objetivos y creencias que puedan ser irracionales.

En cuanto a los otros temas conductuales, entiendo que ya has intentado hablar con ella sobre ello. Te sugiero acercarte a ella, en un momento en el que todos estén tranquilos y alegres, y manifestar tu preocupación sobre su conducta y sus posibles consecuencias. Es normal que, con 21 años, una joven desee divertirse y puede que las responsabilidades sea lo último en lo que piense. Intenta mostrar empatía hacia ella. Piensa en cómo te comportabas cuando tenías su edad o eras adolescente. Cuéntale anécdotas personales tuyas y lo que aprendiste de todo ello, e intenta darle consejos pero sin privarle su libertad. Si ves que te cuesta hablar con ella, pues deberías hablar con un profesional experto en terapia y mediación familiar para que os ayude a dialogar, exponer intereses y llegar a acuerdos.

Espero haberle ayudado. Un cordial saludo.